Fecha

08.2025

La No-Escuela: en defensa de una educación diferente

Viaje a una propuesta alternativa al sistema educativo tradicional en España. Por Lucía Martínez.

Si bien el gasto público en educación en España ha ido en aumento durante los últimos años, datos como los del más reciente informe PISA ponen en cuestión la efectividad de los planteamientos educativos tradicionales. En 2023, las puntuaciones descendieron notablemente respecto a la edición anterior en la mayoría de países consultados. En el caso concreto de España – que ya de por sí no era uno de los “alumnos” estrella del ejercicio – obtuvo sus peores resultados desde que dicho estudio se pusiera en marcha en el año 2000. Además, la OCDE también nos recuerda que España es uno de los países con mayor tasa de abandono escolar temprano y de repetición de curso.

Estos datos, unidos a la realidad socioeconómica del momento y a la evolución del concepto de trabajo que hemos experimentado en los últimos años, dan alas a las voces críticas con el sistema actual que buscan nuevos modelos comunitarios y respuestas colectivas ante los retos educativos del presente y del futuro. A pesar de no ser nuevos (el origen de la famosa pedagogía Montessori se sitúa a principios del siglo XX), los métodos de enseñanza alternativa se presentan como una alternativa esperanzadora con potencial para hacer frente a estos desafíos.

Aunque no existe una única definición para el concepto de educación alternativa, todos sus intentos de catalogación coinciden en que se trata de un conjunto de enfoques que, partiendo de ciertos aspectos del modelo escolar tradicional, pretenden, cada uno a su manera, subvertir dicha fórmula en pro de fomentar una serie de valores como la libertad, el respeto, la autonomía, la creatividad, el empoderamiento y la participación.

Hay numerosos métodos y pedagogías englobadas bajo el paraguas de la “educación alternativa”. Uno de ellos, el Sistema Amara Berri, creado en San Sebastián en los años 70 por la profesora Loli Anaut. En el contexto de la aprobación de Ley General de Educación y el auge incipiente de los movimientos pedagógicos reformistas, Loli llegó a la dirección del colegio de educación infantil público de Amara Berri en 1979 con vocación de cambiar el sistema escolar tradicional operativo en el centro hasta ese momento.

Acompañada por un equipo de ambiciosos profesores y pedagogos, logró poner en marcha un novedoso acercamiento a la enseñanza, que se consolidó ya en 1990 bajo el ala del Centro de Innovación Educativa del Departamento de Educación del Gobierno Vasco. En Amara Berri el colegio se concibe como una sociedad en la que los alumnos deben ser el eje de la labor educativa para garantizar su desarrollo global, preparándolos para afrontar no solo lo que ocurre dentro de las clases, sino fuera de ellas también. Yo tuve la suerte de crecer en este colegio de los 2 a los 12 años y podría extenderme casi indefinidamente sobre su metodología concreta. La adaptación del currículum académico a los intereses del alumnado, el fomento del trabajo autónomo o la reestructuración de las clases mediante la mezcolanza de alumnos de diversas edades son solo alguno de los métodos reflejados en este reportaje realizado por La Sexta sobre la escuela hace ya más de una década.

Otro de los elementos clave para el éxito del Sistema Amara Berri (que ya abarca una red de 19 centros en todo el País Vasco y continúa expandiéndose en otras comunidades autónomas) es el hecho de ser, antes de nada, una escuela pública, puesto que la accesibilidad es el pilar fundamental de cualquier proyecto realmente integrador.

En el eje tradicional de “disputa” entre quienes defienden la planificación pública de la educación frente a la libertad de elección de las familias, se sitúan dos debates fundamentales. Por un lado, la oposición abierta a la “vieja escuela” frente a quienes llevan a cabo una defensa renovada del modelo público tradicional, y por otro, quienes creen en el poder transformador de las pedagogías alternativas en oposición a las personas que las tachan de proyectos elitistas que acaban agravando las desigualdades de clase; ya que, aunque no existen datos oficiales, una gran parte de los colegios que aplican estas pedagogías son privados.

Los distintos partidos políticos concretan estas diferentes visiones sobre cómo debería ser la educación: unos defienden la educación pública inclusiva y la defensa de los modelos educativos propios y plurilingües, y otros abogan más por las reformas normativas, el equilibrio lingüístico y la libre elección. Por extensión, y para sorpresa de nadie, la conversación pública está igualmente dividida.

Retomando la pregunta inicial sobre si estos modelos alternativos pueden ser la solución al desgaste del sistema tradicional, la realidad demuestra que no hay una respuesta clara. Para que lo sean, harán falta más recursos e infraestructuras, un profesorado motivado y con capacidad de innovar, un cambio en el imaginario colectivo en torno al concepto de “lo alternativo” y desde luego, sacar a estos proyectos educativos innovadores de la esfera privada, apoyando una escuela pública innovadora y transgresora.

 

Por Lucía Martínez

Autor

Harmon

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