Fecha
04.2026La bondad como teoría económica
Misura nace para medir las non-market economics, aquello que explica por qué el interés individual no basta para producir bienestar colectivo.
A Misura y a la teoría económica moderna y del capitalismo les separan, exactamente, 250 años (más concretamente desde la publicación de La riqueza de las Naciones de Adam Smith, un 9 de marzo de 1776).
Al igual que la Teoría de la Gravedad de Newton fue útil hasta que la Teoría de la Relatividad demostró poder explicar mejor la realidad (no es la masa de un cuerpo la que causa la atracción de otro cuerpo, sino la forma en la que la masa deforma el espacio tiempo lo que causa esa aparente atracción), la Teoría Económica Clásica ha sido útil hasta que la realidad ha empezado a demandar una forma distinta de explicarse.
Nos encontramos en un momento especialmente convulso a escala global en el que puede parecer frívolo o inocente hablar de conceptos como la belleza o la bondad, cuando en realidad son el ejercicio de honestidad más brutal y exigen la más dura de las voluntades.
Adam Smith se equivocaba en (al menos) una cosa: la búsqueda del beneficio personal no lleva a la maximización del beneficio colectivo. Y posiblemente el ámbito en el que se aprecia más claramente es la Teoría de Juegos.
Los economistas dicen que la única solución al Dilema del Prisionero es la información perfecta. Su hipótesis es que, si tienes oportunidad de negociar con la contraparte, se puede acordar cooperar para llegar a un escenario en el que se minimicen las pérdidas conjuntas, aun cuando eso signifique que no se minimicen las pérdidas individuales. En realidad, no es cierto. La información perfecta no es suficiente. Lo único que permite alcanzar un óptimo colectivo es estar dispuesto a sacrificar el beneficio individual a favor de la otra persona. Esto es bondad. Y Elinor Ostrom (la primera mujer Premio Nobel en Economía) demostró que existe y que tiene sentido económico.
Las negociaciones en cambio climático no triunfarán hasta que no estemos dispuestos a sacrificar algo para beneficiar a otros. Y si no estamos dispuestos a anteponer el beneficio ajeno al nuestro, todos perdemos. Como en el Dilema del Prisionero. Es fácil abusar del poder. El valor reside en decidir no hacerlo. La bondad es lo único que puede salvar el clima… y las especies, y los recursos, y la desigualdad, y las democracias, y a nosotros mismos.
Entender eso es entender la belleza que esconde el mundo. La bondad no es casual. Tiene una razón de ser. Forma parte del éxito evolutivo de nuestra especie, y está codificada en hormonas como la oxitocina o la serotonina. Rousseau estaba en lo cierto: el ser humano ha evolucionado para ser bueno. La búsqueda de la belleza oculta en el mundo te lleva, irremediablemente, a creer en la bondad como motor de progreso.
Es fácil dejarse llevar por la negatividad. Es otra de las claves del éxito evolutivo de nuestra especie. Los psicólogos lo llaman el sesgo cognitivo de la negatividad y nos ayuda a anticipar amenazas. Excepto cuando termina haciendo que las alimentemos más.
No se trata de buscar héroes, ni mártires. La bondad es de naturaleza humilde, solo hay que mirar alrededor. Buscar la belleza. Encontrar la bondad. Contagiarse de ella. Formar parte de la solución, no del problema.
Por Alberto Muelas – socio de Impacto y Prospectiva en Harmon y director de Misura Economics