Fecha
01.2026Davos, o un ranking de nuestras torpezas
Notas al pie de un colapso anunciado
Hace veintiún años que el World Economic Forum viene publicando su informe de riesgos. Continúa asombrándome su capacidad, en todo ese tiempo, para generar mucho eco y poca acción. Lejos del protagonismo que se asumiría atribuible, la sociedad continúa su marcha cual audiencia pasiva de un thriller en el que ostenta primera línea en los créditos. Los riesgos no son algo exógeno. De los treinta y tres del listado, todos vienen provocados por y para los humanos.
Las preocupaciones que eran importantes hace cinco años siguen siéndolo ahora. Si en algún momento dejan de serlo, será porque han sido sustituidas por otras más urgentes, no porque se haya llegado a ninguna solución real. Porque la tónica de los “extreme weather events” empieza a dar un poco igual cuando una guerra acecha en el horizonte. El ranking de riesgos no refleja el estado del mundo, sino nuestra incapacidad para abordar problemas de naturaleza sistémica y global. El informe bien se podría llamar “el ranking de las mayores torpezas humanas”.
El listado tiene 33 riesgos, pero en realidad las causas que subyacen a todos ellos no son tantas…
La concentración de poder en aquellos que no tienen ni la capacidad ni la moral para ostentarlo, un sistema económico obsoleto basado en indicadores que miden lo que no deberían medir, un sistema educativo diseñado para perpetuar las diferencias sociales, un estado de sumisión generalizado… y la generación de distracciones suficientes como para que asegurar el letargo ante todo lo anterior.
Ante problemas globales y sistémicos se requieren respuestas globales y sistémicas. Pero, para aquellos que decidan buscarlas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la tarea se recrudece. Si bien conforman un instrumento de concienciación ciudadana magnifico, las múltiples debilidades estructurales que enfrentan impiden su orientabilidad hacia ninguna solución real:
1. No tienen ningún valor regulatorio o vinculante, como cualquier cosa que hace Naciones Unidas. Debatir sobre 17 logos de colores es muy distinto a fracasar en prevenir atentados contra la soberanía nacional de algunos países y amenazas a la paz global (o prevenir vulneraciones de los derechos mas fundamentales de las personas). Estas, supuestamente son, o deberían ser, las razones de existencia del organismo.
2. Nadie va a arriesgar unas elecciones o un cese de cargo cuando no se cumplan los ODS en 2030 (porque no se van a cumplir, y espero que esta afirmación sea una de las muchas en las que me equivoco). Hay una falta total de responsabilidad.
3. Se confunden causas, consecuencias y cuestiones intermedias. Nunca queda claro cuál es la palanca concreta que se debe accionar para iniciar la transformación social.
4. Pero, sobre todo, plantean objetivos que entran en contradicción entre ellos. Porque en un mundo en el que todavía no hemos sido capaces de desacoplar totalmente el crecimiento económico del consumo de recursos, emisiones o generación de residuos, objetivos como el 8 y 7 o el 12 y 13 son mutuamente excluyentes. No disponemos todavía de la teoría económica necesaria para resolver ese dilema, ni vocación global para encontrarla.
A pesar de la esquizofrenia colectiva que denota dejar que «los de comunicación» escriban un texto autocomplaciente, el secretario general prepare otro crítico y eso sirva como la presentación oficial del informe anual de progreso, la realidad es que es una fachada que intenta opacar (malamente) la simple realidad de que todavía estamos lejos de los objetivos marcados.
Irónicamente, las causas de los riesgos de Davos y del fracaso de las soluciones de los ODS puede que sean las mismas.
Puedo equivocarme en el diagnóstico, pero es sobre lo que deberíamos estar discutiendo. Porque una vez que nos pongamos de acuerdo en el diagnóstico de las causas, las soluciones estarán un poco más cerca.
Por Alberto Muelas
Socio de Prospectiva e Impacto