Fecha

06.2025

Clint Eastwood, Jurado Nº2 y La sustancia

Dos películas, dos directores, dos resultados distintos ante la maquinaria Hollywoodiense.

Durante un par de meses del año pasado, un hombre de 93 años se levantaba con determinación para dirigirse a su trabajo, a esas horas en las que muchos invertimos un par de minutos en sentarnos al borde de la cama para mirar al infinito.

No habría ni un solo detalle excepcional en ello si no fuera por su provecta edad y porque el trabajo de este hombre es, o era, el de dirigir películas. Por encima de estas excepcionalidades está su nombre, que forma parte indisociable del esplendor del género western de la época dorada del cine, pero que desde entonces ha sabido también apelar a numerosas generaciones cinéfilas con decenas de películas notables: Don Clint Eastwood.

Qué necesidad, se pregunta uno, que siendo quien es siga madrugando, más allá de sentirse impelido quién sabe si por una especie de instinto animal refinadísimo, en su caso canalizado a través de la creación artística.

Un año antes, otra directora de cine, Coralie Fargeat, convenció a dos estrellas de generaciones distintas, Demi Moore y Margaret Qualley, para hacer una desacomplejada y grotesca historia. En ella hay puntos en común con El retrato de Dorian Gray y El doctor Jekyll y el señor Hyde, si bien con un escenario de fondo más próximo a El crepúsculo de los dioses, por su retrato de una celebridad cuya fama va cuesta abajo, o de Eva al desnudo, por esa juventud que atropella a generaciones posteriores.

El resultado de los esfuerzos de Eastwood y Fargeat no podría ser más contrapuesto: Jurado Nº 2 y La sustancia. ¿Estoy yendo a algún lado con toda esta palabrería? Esperemos que sí: es cierto que ambas películas tienen escasos puntos de unión en lo artístico. La de Eastwood está realizada de carril, con una factura más televisiva que cinematográfica, pero alberga en su seno un dilema de gran interés; la de Fargeat no es solo historia, sino también estética, riesgo y exceso, esto último muchas veces para bien y otras tantas para mal.

Son dos ejemplos que reflejan cómo ni hasta el más experimentado en su negocio acierta siempre.

Empecemos con el caso más sangrante, que es el de Jurado Nº 2. Los espectadores de España, Francia o Italia se sorprenderán con esta afirmación: es una película fantasma. En estos tres mercados la película ha tenido recaudación apreciable y, como en todo el mundo, críticas bastante buenas. Pero ¿qué tal ha ido en Estados Unidos? Nadie lo sabe, aunque previsiblemente fatal: solo se ha estrenado en menos de 50 cines y, aunque la distribuidora ha decidido no hacer públicas las cifras de recaudación, intuimos que será bajísima.

Intentando explicar este fenómeno, el medio especializado en la industria Variety realizó un reportaje que despejaba algunas incógnitas: Warner Bros aseguraba que lejos de ser un desdoro a Eastwood, el hecho de estrenarla, aunque fuera en pocos cines era un gesto de “gratitud” hacia él, que había tenido malos resultados de taquilla con sus últimas producciones. Incluso voces de la cúpula de la compañía justificaron que no se le debe nada a Eastwood, que ha recaudado más de 2.000 millones de dólares para ellos en su extensa carrera tras las cámaras. Es probable que, con una buena promoción y una distribución acorde a la talla del director, Jurado Nº2, casi con toda seguridad su última película, hubiera recaudado una cantidad muy superior.

El caso de La sustancia no tiene tanta enjundia porque refleja prácticas relativamente habituales en la industria. Pero sí revela una curiosa ausencia de criterio. Se suponía que Universal sería su distribuidora, hasta que tres ejecutivos de la compañía, dos hombres y una mujer, vieron el montaje final de la película, con un claro rechazo por su parte y exigencias de volverla a montar. La directiva confesó a Fargeat, posteriormente y en privado, que ella sí quería respetar la visión de la directora, en una clara duplicación de lo que denuncia la propia película: la industria del espectáculo se esfuerza por silenciar la voz de la mujer conservando su cuerpo, pero solo para exhibirlo.

La petición de cambios en el montaje final fue recibida con una negativa de la directora, ante lo cual, la distribuidora le permitió buscar otra compañía con la que llevar su película a los cines. De esta forma la obra nos ha llegado tal como la concibió la directora y, a la vez, ha conseguido una triada muy difícil de alcanzar: éxito de crítica, con la gran mayoría de la prensa especializada a favor; éxito de público, con más del triple de su presupuesto en recaudación; y éxito en los premios, por ahora con el reconocimiento al mejor guion en el Festival de Cannes.

Cada una a su forma y a su modo, Jurado Nº 2 y La sustancia son nítidas imágenes de la corteza de miras y la falta de riesgo de una industria que cada vez intenta ir más sobre seguro, con fatídicas consecuencias. Entre ellas, que algunas voces que tienen algo que decir acaban siendo opacadas por el continuo rechinar de los engranajes de una máquina tan mal engrasada como la cinematográfica.

 

Por Carlos Polanco

Autor

Harmon

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