Fecha

11.2024

Los Planetas y sus 10 comprimidos para viajar por el tiempo

Treinta años después, la banda que definió el sonido indie en España sigue encarnando la rebeldía, la autenticidad y la búsqueda de la libertad artística.

«Podemos irnos juntos lejos de este mundo tú y yo», corean los planetarios. Este verso reabre, 30 años después, la caja del diablo de la música independiente en España. Es el que da comienzo al disco Súper 8, de Los Planetas, que nos propone un viaje. Tristemente, a día de hoy plantea un viaje al pasado, mientras que entonces prometía uno hacia el futuro de la música en español.

Miles de fans hemos asistido a los conciertos conmemorativos de este disco para rendirnos ante el rollo mesiánico de Los Planetas y volver a emocionarnos al cruzar esa brecha espaciotemporal que dura en torno a 56 minutos y 28 segundos, sin contar los bises. Los cincuentones de la cola se convirtieron en adolescentes al ritmo del sonido Planetas. Se respiraba un sentimiento de ocasión especial. Los planetarios saben que se celebra un Cumpleaños Total y que, como tal, ha durado un año entero.

Hoy me asomo a las profundidades de ese sonido para tratar de entender por qué esos tipos siguen ahí arriba tantos años después. Encima de un escenario y en lo más alto de la escena musical independiente española.

Para quienes no los conozcáis, la historia de Los Planetas es la de cuatro chavales: Jota, Florent, May y Paco. Ninguno tenía grandes conocimientos musicales, pero compartían un gusto exquisito por grupos que les dieron hambre de nuevos horizontes. Sus pies los situaron en Granada, pero sus oídos viajaron por muchos lugares, especialmente por Inglaterra, tratando de encontrar un sonido que filtrar y traer a la España que les tocó vivir. Y así lo hicieron. La Movida Madrileña estuvo bien, pero ya se encontraba en un estado terminal. Querían “probar algo nuevo”, un sonido que se consagró en el año 94 con el sonido Planetas que encerraba el Súper 8. Los Planetas izaron su bandera de distorsión y melancolía pop, y sus ecos abrieron una brecha en el mercado de la música por la que muchos pasarían después hacia una nueva dimensión: la escena musical española independiente que hoy conocemos.

Ahí siguen dos de los cuatro padres fundadores del proyecto: Jota y Florent. Expuestos en los escenarios, otra noche más. Nada que decir al público fuera de lo que expresan las canciones. Ellas hablan por sí solas mediante una voz casi susurrante y una guitarra que construye catedrales de sonido. Desde sus inicios se suben al escenario como consecuencia de su proyecto; estar ahí arriba nunca fue un fin. Nunca hicieron esfuerzos por dar elocuentes discursos, no se prodigaban en las entrevistas ni en las actuaciones televisivas. Lo que tenían que decir ya lo decían sus canciones. Ellos lo que hacen bien es música. ¿Para qué más?

Para acompañar un mensaje tan rompedor como el de sus canciones, hacía falta un discurso coherente. El rock and roll es actitud, es un riesgo a asumir. Sea. Los Planetas son lo irreverente, una personalidad disruptiva, incómoda a veces, que recuerdan a quien los mira que existen otro tipo de carreras artísticas y que la libertad es el mayor tesoro de un músico. Por eso han sido tan difíciles de encasillar. La crítica española, dividida, tuvo que recurrir a una etiqueta poco común en el país para clasificarlos: indies. Un paraguas que acogía esas letras en español del nuevo noise-pop, la distorsión, el ruido, un sonido psicodélico y una inquebrantable actitud de rockeros ante el mercado.

Nunca fueron músicos virtuosos, pero innegablemente tuvieron una virtuosa actitud para sacar su proyecto adelante contra todo pronóstico. Esa actitud que los hizo únicos fue la rebeldía.Como decía Marañón: «El modo más humano de la virtud juvenil es la generosa inadaptación a todo lo imperfecto de la vida —que es casi la vida entera—; esto es, la rebeldía». Y Los Planetas fueron canónicamente lo que las diferentes acepciones de rebeldía definen: aquel que se subleva o rebela, faltando a la obediencia debida, pero también quien es indócil, duro, fuerte y tenaz.

La verdadera vocación del artista es la de asomarse a los insondables abismos de la vida para, con su especial sensibilidad y tocando alguno de los palos de las bellas artes, transmitírnoslo al resto de los mortales. En este caso, su forma de contribuir al engranaje de la sociedad fue desde la música. Pero para que esa pieza dentro de la industria no fuese manipulada ni utilizada en base a otros intereses por sus enemigos de aquel entonces —las autoritarias multinacionales y la radiofórmula—, el joven grupo tuvo que templar, dar el tamaño y los tiempos precisos a ese proyecto mediante una fuerte personalidad y engendrar Súper 8. Curiosamente, cuando más fuerte fue la personalidad del grupo y, por tanto, su incapacidad primaria de adaptación, mejores discos hicieron y más influyeron en el mercado. El disco es fruto de la autenticidad.

La paradoja es que fueron un emblema de independencia pese a su estrecha relación con las discográficas. Su debut en Súper 8 con la multinacional RCA no comprometió su autenticidad, pues siempre defendieron su identidad creativa.

Los Planetas abanderan a una generación de artistas que no quieren someter su arte al valor del mercado, pero necesitan sus medios para poder hacer su música. Fueron capaces de existir con un pie en el mercado y otro fuera de él. Del mercado obtenían los medios que necesitaban para, por otro lado, plantear nuevas vías que acabaron abriendo un mercado paralelo que habitar. Por eso han seguido en la cumbre, aun habiendo hecho muchas cosas que, según el canon de los estrictamente indies, serían impensables como por ejemplo sus discos flamencos o tocar con una orquesta sinfónica.

Hoy en día ya han alcanzado su utopía y tienen su propio sello independiente en Granada (El Ejército Rojo), que protege los intereses de los músicos que comparten esta filosofía.

Siendo la juventud el momento para construir una personalidad y una manera de existir en el mundo, Los Planetas la aprovecharon. Su carrera ha sido una larga trayectoria donde han ido llenando, de manera más o menos eficaz, el vaso cincelado en esos primeros años de rebeldía.

Hay quien dice que han llegado a su límite y que viven de homenajear aquellos tiempos. Que su única propuesta de valor es hacernos viajar al pasado con esos “10 comprimidos para viajar en el tiempo” con los que anunciaban esta gira. La realidad es que si siguen donde están en su madurez se debe, en gran parte, al impulso de lo que fueron capaces de ser en su juventud.

La historia de esta banda nos demuestra que hay otras maneras de mantenerse en el mercado: desafiando normas y creando un espacio distintivo. Esto explica por qué tanto los nostálgicos de antaño como los nuevos románticos, aquellos que buscan escapar de la masa uniforme y construir una identidad auténtica que aporte valor a la sociedad, encuentran en Súper 8 una bandera que representa ese espíritu. Es un sentimiento profundo, uno que, a pesar de estas vagas líneas, resulta «algo muy difícil de explicar con palabras».

Por Ignacio de Grassa

Autor

Harmon

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